Una pregunta que casi nadie hace antes de construir, y que debería hacerse: cuánto van a subir las contribuciones una vez que la casa esté terminada.
El Servicio de Impuestos Internos (SII) calcula el avalúo fiscal de una propiedad sumando dos componentes: el valor del terreno, que se determina por zonas homogéneas según ubicación y uso de suelo, y el valor de la construcción, que se estima con un método de costo de reposición, es decir cuánto costaría hoy reconstruir esa vivienda, ajustado por antigüedad y materialidad. Antes de construir, el terreno solo tiene valor de sitio. Una vez que se levanta la vivienda y queda registrada, se le suma el valor de la construcción al avalúo total.
Las contribuciones se calculan aplicando una tasa progresiva sobre el avalúo fiscal total, con un tramo de exención para viviendas de menor valor. En términos simples, mientras más alto el avalúo fiscal, mayor la tasa aplicable y mayor el monto anual, que se paga en cuatro cuotas al año.
El avalúo de construcción depende directamente de los metros cuadrados edificados y del tipo de materialidad declarada. Con un diseño a medida, este número puede seguir cambiando mientras el proyecto se define, lo que hace difícil estimar el impacto en contribuciones con anticipación. Con un modelo de catálogo, los metros cuadrados y la materialidad están definidos desde el primer día, lo que permite tener una estimación mucho más clara de cómo va a quedar el avalúo antes de empezar a construir, en vez de descubrirlo recién cuando llega la primera boleta.
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